Displasia Ectodérmica

La definición más sencilla de la displasia es deformación o formación anormal de un órgano determinado. En el caso de la displasia ectodérmica, o Síndrome de Christ-Siemens-Touraine como también se conoce a esta enfermedad, hablamos de una patología que provoca un desarrollo anómalo de la dermis, las glándulas sudoríparas, la dentadura o las uñas del paciente.

Tras años de investigación, los médicos afirman que la causa principal de la displasia ectodérmica tiene un alto componente genético y que afecta en mayor medida a los hombres que a las mujeres.

Los principales signos que nos alertan del padecimiento de esta anomalía son: una disminución importante de la sudoración en el que la padece, la imposibilidad para controlar los procesos febriles, una dentadura anormal o la falta de piezas dentales, la ausencia de lágrimas, una regulación defectuosa de la temperatura basal, una visión precaria, tener un pelo excesivamente fino o una piel poco pigmentada, entre muchas otras.

A través de una biopsia o de una prueba genética el médico especialista podrá alcanzar el diagnóstico acertado.

Todavía no hay una cura específica o definitiva para la displasia ectodérmica, aunque existen numerosas acciones que podemos realizar y que minimizarán los síntomas de aquellos que la padecen:

  • La administración de lágrima artificial, lo que mejorará la resequedad de los ojos.
  • La utilización de aerosoles nasales de origen salino que ayude a respirar mejor y a eliminar la mucosidad del enfermo por displasia ectodérmica.
  • Bañarse habitualmente con agua fresca para mantener la temperatura corporal correcta.

Al ser una enfermedad de origen genético, no existe la posibilidad de prevenir la displasia ectodérmica, pero sí podemos asesorarnos medica y genéticamente si queremos tener descendencia y sabemos que nosotros mismos, nuestra pareja o alguno de nuestros familiares padecen esta enfermedad.

Las complicaciones más usuales que derivan de esta displasia son:

  • Un daño cerebral debido a un proceso febril elevado o una temperatura corporal demasiado alta.
  • O la aparición de convulsiones, motivadas también por una fiebre alta y prolongada.

Ponerse en manos de un médico especialista será la mejor opción para un paciente de esta enfermedad ya que, de este modo, le ofreceremos la posibilidad de llevar a cabo un seguimiento exhaustivo y un estudio de la evolución de cada caso clínico.


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